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Relato: Aullido Nocturno

Buenas FanHammeros. Un nuevo relato llega para vuestro disfrute a FanHammer. Para que paséis una buena lectura durante unos minutos junto a nosotros.

En esta ocsasión Aullido Nocturno es de nuestro colaborador Garkas.

Nada, lo dicho, que lo disfurtéis y si tenéis algún relato que queráis compartir con la comunidad de FanHammer, poneros en contacto con nosotros en fanhammerct@gmail.com para que podamos publicarlo.

wulfen curse

El comisario Svardek estaba satisfecho. Había empezado desde lo más bajo siendo luego ascendido una y otra vez hasta llegar donde estaba ahora, el momento de su carrera militar en que finalmente alcanzaría la gloria. Gracias a las pistas proporcionadas por el inquisidor Gorman, había conseguido atrapar nada menos y nada más que a uno de los malditos, un wulfen. De alguna manera el inquisidor, aunque Svardek no tenía forma de saber cómo obtuvo tal conocimiento, sabía con exactitud en qué planeta y en qué momento aparecerían aquellas bestias y encargó personalmente al comisario que preparase a sus hombres para efectuar un ataque relámpago y capturar a una de aquellas bestias. —Conoce a tu enemigo —le explicó cuando Svardek preguntó cuál era el objetivo de aquella misión. El comisario sabía que había fuerzas especializadas, astartes incluso, que estaban especializados en aquel tipo de misiones y por eso mismo que Gorman le hubiera encargada a él y a sus hombres aquella tarea era un gran honor.

Demostraba que sus acciones habían captado la atención del inquisidor y que este confiaba en él. Cuando llegaron, encontraron a los que antaño fueron orgullosos guerreros del imperio luchando contra una horda de demonios. Para Svardek aquella batalla no entrañaba ningún misterio. ¿Acaso no luchan los ejércitos de cada dios del Caos unos contra otros? “Que se destruyan ellos mismos si quieren” pensó, “Mientras tanto nosotros aprenderemos como combatirlos”. El resultado de aquella incursión era aquella parodia de hombre que colgaba en estos momentos de unos grilletes atados a sus cuatro extremidades, de forma que permanecía suspendido en el aire sujeto por las cadenas. Llevaba allí días y sin embargo no parecía cansado o hambriento, aunque eso no era de extrañar, claro. Lo que sí que le sorprendía al comisario Svardek es que cada día cuando iba a ver su presa, esta no mostraba ningún atisbo de sentir hacia él ira, furia o siquiera un leve enfado. “Las bestias del caos nunca dejarán de sorprenderme”. En todo aquel tiempo, cumplió a rajatabla las órdenes del inquisidor. Mantuvo al wulfen bien sujeto, en ayunas y evitó que nadie le dirigiera la palabra.

Por lo visto Gorman lo quería bien débil para conseguir que este traicionara a los de su estirpe y les contara todos sus secretos antes de que el magus biologis lo abriera en canal para ver que otros misterios guardaba su interior. No fue hasta el séptimo día que Svardek recibió nuevas órdenes. Se dirigió a la celda donde estaba el wulfen y entró en ella. Si situó a escasos metros de este y lo miró, desafiando a la bestia. —El inquisidor cree que eres capaz de hablar —le dijo con voz pausada y articulando cada sílaba exageradamente—. Yo francamente lo dudo, aunque quizás puedas balbucear alguna cosa que nos sea de utilidad. Si colaboras puedo convencerlo de que tu muerte sea rápida e indolora. Seguro que es más de lo que tú les ofreces a tus víctimas. —Le aseguro, señor comisario Svardek Alastair Dusnoff, que los cerdos a los que me encargo de eliminar encuentran una muerte sumamente rápida, aunque me temo que no suele ser un proceso indoloro.

La respuesta del wulfen dejó petrificado al comisario, si bien estaba convencido de haber logrado que tal turbación no se transmitiera a su semblante. Previamente había ensayado la escena y en su mente la situación iba a ser muy distinta. Aquel subhumano no iba a hablar, o en todo caso lo haría con voz feral y palabras simples, desde luego no esperaba frases complejas, amenazantes e irónicas. Igual que tampoco esperaba que supiera su nombre. ¿Cómo demonios sabía su nombre completo? Ni siquiera sus hombres lo conocían. —No creas que me voy a dejar intimidar por un perro sarnoso —le espetó Svardek, perdiendo la compostura durante unos segundos—. Estás encadenado y los eslabones de esas cadenas fueron diseñados específicamente para contener a miembros de las legiones traidoras, no podrás escapar. Estás ya sentenciado y lo único que te queda es el tiempo que nosotros queramos regalarte. Hagas lo que hagas, tan sólo va a cambiar la cantidad de dolor que sientas al morir.

Nosotros aumentaremos igualmente nuestro conocimiento sobre los de tu calaña, así que deberías plantearte el contarnos lo que queremos saber antes de que sea demasiado tarde. —En eso lleva razón, señor comisario, van ustedes a aprender mucho… Pasaron los días y las órdenes del inquisidor no variaron, pues tan solo quería que se le avisase cuando el monstruo estuviese totalmente “domado”, en sus palabras. Por tanto, Svardek seguía visitando al extraño prisionero con la intención de doblegarlo. Un observador neutral no obstante, no hubiera tenido tan claro quién era el interrogado y quién el interrogador. —¿Cómo se encuentra hoy, querido comisario? ¿Han decidido ya cuando van a diseccionarme como a un animal? —el wulfen, de nombre desconocido, seguía burlándose de todas las amenazas de Svardek y parecía dominar siempre la situación a pesar de seguir colgado de las cadenas. —¡Cállate, maldito perro! No creas que tus sucias tretas harán mella en mí. He combatido contra las fuerzas del Caos más veces de las que puedas imaginar. —Es curioso, porque hubiera jurado que no podría usted reconocer a un demonio aunque estuviera almorzando con él. Al comisario empezaba a agotársele la paciencia. Ver a aquella criatura blasfema hablar como si de un hombre corriente se tratara le enervaba sobremanera. Además, estaba convencido de que no lograrían sacar nada en claro de la bestia, pues era tozudo como solamente un demonio puede ser.
—Reconozco a los demonios. Tengo uno delante desde hace días, pero eso pronto acabará —replicó mientras se acercaba a los distintos instrumentos de tortura que había estado usando para conseguir que la criatura hablase. —No se esfuerce Svardek, ya los ha usado todos —era cierto—. Los dos sabemos que esto es una pérdida de tiempo. Busque a los hombres de ciencia y que acaben con mi sufrimiento— esto último, lo dijo riéndose como un lunático y por primera vez desde que el wulfen llegara sentía el comisario que se comportaba como lo que sabía muy bien que era: un monstruo. —Actúas como si todo esto te aburriera pero poco a poco vas revelando tu verdadero ser ¿Quién sino un ser salido de las entrañas del infierno se reiría así ante su muerte? —Amigo mío —le respondió lacónicamente el lobo, recuperando la calma—. Tiene usted razón en que solo un loco encontraría graciosa su propia muerte, pero es que no es eso lo que me hace gracia. —¿Qué es entonces? ¡Responde, maldito! —¿Cómo puede estar usted tan ciego? ¿No ve que se equivoca en todo lo que dice? Ni soy un agente del Caos, ni usted lucha por la humanidad, ni yo voy a morir. —¿Me estás amenazando? ¿Debo recordarte que sigues colgado y que tu vida terminará mientras sigues atado a esas cadenas? —Se repite, comisario —esta vez el wulfen le dedicó una mirada cargada de odio, aunque su tono de voz permaneció inalterable—. Y además, se equivoca de nuevo. Mire, entiendo que usted crea que soy una especie de engendro del averno.

La verdad, la última vez que me miré al espejo lo parecía. Pero debería hacer caso al resto de pruebas. —¿Qué pruebas? —Vamos, no se haga el tonto. Hablo igual de bien que usted. Incluso mejor, si me lo permite, ya que usted se empeña en faltarme al respeto. Y además me vio a mí y a los míos machacar a las auténticas hordas del Caos. —Intentas confundirme. —Por favor, para eso se basta usted mismo. ¿Son muchas las historias que ha oído sobre nosotros arrasando mundos imperiales? ¿Y cuántas ha escuchado que narraran como les salvábamos el culo? No somos como usted piensa, Svardek. Hemos pasado mucho tiempo ahí dentro metidos y le aseguro que la disformidad no es un sitio agradable. Algunos de nosotros enloquecimos más de lo que ya estábamos, otros en cambio estamos más cabales que nunca, aunque retenemos los beneficios físicos de nuestra maldición genética. Y aún hay más, entre nuestras filas hay seres tan aberrantes que usted los confundiría con grandes demonios. ¿Y sabe? Creo que el emperador sabía que era esto lo que nos aguardaba…

—¡Blasfemia, herejía! —gritó Svardek— Voy a terminar con tu vida de una vez por todas, no dejaré que entres más dentro de mi cabeza —Mientras salía de la celda, el lobo aún tuvo tiempo de añadir una última cosa. —Svardek, ¿sabe que nosotros ya les esperábamos aquel día? Vislumbrar el futuro es uno de los pequeños trucos que uno aprende viviendo en el infierno. ¡Yo no soy aquí un prisionero, más bien estoy de visita! Antes de cerrar la puerta blindada que separaba los pasillos del área de prisioneros, el comisario todavía llegó a oír como el wulfen le gritaba algo más. —¡Comisario! ¿Cómo cree que Gorman sabía dónde encontrarnos a nosotros? Mientras volvía a la sala de mando, Svardek maldijo a la criatura, ¿cómo se atrevía a intentar que dudase del inquisidor Gorman? Los inquisidores son hombres santos, portadores de la voluntad del emperador. Su palabra es ley. Cuando llegó a la sala principal, encontró allí al magus biologis. Decidido a acabar de una vez con aquello, se dirigió a él. —Eldritch, prepare su material y venga conmigo —le ordenó en un tono que no admitía discusión. Cuando el comisario y el magus llegaron a la celda, el segundo se dirigió al primero, tembloroso. —Señor, ¿ese es el wulfen capturado? —¡Pues claro que lo es! ¿Para qué te crees que he dicho que vinieras? Vas a ajusticiarlo, diseccionarlo, estudiarlo y a presentarnos tu informe al inquisidor y a mí. —Señor, no puedo hacer tal cosa —la mirada de Svardek al magus fue tal que este intentó explicar a qué se refería lo más rápido posible— Ve-ve-veréis señor, tengo órdenes expresas de empezar mi trabajo solamente cuando el inquisidor Gorman así me lo indique. —Entonces espera aquí, volveré con él. Resignado, Svardek salió en busca del inquisidor, cosa que había querido evitar. La verdad es que recordaba perfectamente que Gorman quería que se le avisara cuando hubiese domeñado la voluntad del preso y que solo luego empezaran a despedazarlo. El inquisidor decía que aprenderían mucho más de lo que les pudiera contar que no de sus tripas.

Svardek en cambio ya se había dado por rendido, pues aquella bestia infernal no parecía ir a ceder nunca. Le había privado de comida y agua, hacía que lo mantuvieran despierto todas las noches, lo había quemado, ahogado, cortado y todo lo que se le había ocurrido, pero seguía tan fresco como una rosa. Cuando llegó a los aposentos de Gorman, evitó el tema aludiendo a que debería verlo él mismo. El comisario estaba convencido de que la tozudez del inquisidor en este tema se
debía a que no había visto al wulfen en persona. No podía por tanto comprender a que se enfrentaban. Lo condujo con pretextos a la celda para que lo viera con sus propios ojos, pero como al llegar el lobo estaba quieto y callado, empezó a explicarle él mismo lo que ocurría. —Mi señor, en esta bestia no queda nada de humano. Hemos recurrido a todos los métodos conocidos para conseguir su rendición, pero se niega a aceptar que no es más que un prisionero en nuestras manos. —¿Cómo? —Inquirió el inquisidor levantado la voz, increíblemente alarmado— Te dije que me trajeras ante él cuando hubiera sido totalmente sometido ¡No antes! Svardek, quedas….! “¿Expulsado?, “¿Degradado?” pensó expectante Svardek. No había podido evitar cerrar los ojos ante la reprimenda que sabía que le esperaba, pero cuando pasaron unos segundos y Gorman no terminaba la frase los volvió a abrir. Lo que vio acabó de derrumbar la poca confianza que le quedaba. De alguna manera, prisionero e inquisidor ya no estaban. Bueno, en realidad sí estaban pero ya no cumplían esos papeles respectivamente.

El prisionero cada vez lo era menos, ya que de alguna forma había conseguido arrancar dos de las cadenas y las había lanzado contra Gorman. En pocos segundos Svardek pudo observar como hacía lo mismo con las dos restantes y las usaba como una suerte de mayal improvisado. Gorman por su parte… Bueno, aquello no era Gorman. O en caso de serlo, es que Svardek nunca había conocido realmente a ese hombre, sobre todo porque no era un hombre. La ropa de su abdomen se había roto y del pecho aparecían dos brazos, distintos al otro par. Ahora Gorman lucía pues cuatro brazos, todos en posición de ataque, de los cuales dos tenían un aspecto azulado, con aristas afiladas y partes bulbosas de un verde luminiscente. —¡Has tardado en venir! —rugió una voz feral. Procedía de la garganta del wulfen, aunque ahora era mucho más ronca que antes, como si hubiera liberado su verdadero ser— Ya creía que me iba a pudrir ahí arriba colgado. La cosa que había sido Gorman, en cambio, no decía nada. Se había erguido y ahora debía medir al menos tres metros de altura. Svardek no recordaba que aquel hombre hubiese sido tan grande. La bestia alienígena por su parte, no prestaba atención al comisario, ocupada como estaba evaluando a su oponente lupino. —Híbridos genestealers —dijo el lobo sin dejar de mirar al alienígena—. Comisario, Eldritch, ocúpense de que lo que quede de este bicho cuando me ocupe de él sea analizado y estudiado. Para su información, son una auténtica plaga, por mucho que los aplastamos siempre parecen salir más de entre la mierda.

Acto seguido, el xenos se lanzó sobre el astartes y este, para sorpresa del resto, dio un pequeño salto a la derecha al mismo tiempo que hacía girar por el aire las cadenas que aún tenía entre sus manos. Golpeó con ellas al alienígena cuando este estaba en pleno salto, de modo que no pudo evitar de ninguna manera el impacto contra el pesado metal. No sería hasta más tarde que Svardek recordaría para que habían sido diseñadas aquellas cadenas y cual debía ser por tanto la fuerza de aquel ser. También tendría tiempo para agradecer que no hubiera decidido liberarse antes y acabar con su captor. Pese a quedar atado por los eslabones, el genestealer siguió atacando, lanzado violentos escupitajos que derretían todo lo que tocaban. Uno de ellos impactó en la cara del wulfen, dejándolo medio ciego. Entre aullidos de dolor, este embistió con todo su cuerpo contra el xenos, arrastrándolo hasta que chocaron contra la pared. Atrapado entre el muro y el lobo, el alienígena gritó de rabia. Ignorándolo, el wulfen siguió empujando una y otra vez, aplastando al monstruo hasta que el cuerpo de este se quebró, salpicó en varias direcciones con un ácido similar al que había escupido por la boca, y por fin dejó de moverse.

Visiblemente agotado, el lobo se dejó caer, no sin antes preguntar. —Ustedes dos. ¿Están bien? Aquella pregunta dejó descolocado a Svardek. —S-s-sí —Contestó el magus por los dos—. Creo que sí. Tras unos segundos en que ninguno de los dos supo que debía hacer, el lobo se volvió a poner en pie. —Comisario. Déjeme decirle que es usted un cretino. Entiendo que su estúpida doctrina imperial ha degenerado tanto que ven enemigos incluso donde no los tienen. No es que me parezca mal… —al decir esto último se giró, señalando con la mirada al cuerpo inerte— pero deberían empezar a distinguir mejor entre amigos y enemigos. ¿Tiene usted idea de por qué me dejé capturar? —¿Para matar a esa criatura? —contestó el comisario tras un momento de duda. —Sí. Pero eso podíamos haberlo hecho simplemente asaltando este sitio y acabando con todos los que se interpusieran en nuestro camino. La verdad es que a la mayor parte de la manada le hubiera gustado la idea. Por suerte para usted se me ocurrió esta locura de plan para llegar hasta Gorman sin derramar sangre inocente. Y dé gracias, porque si hubiera pasado un día más los míos se hubieran hartado de esperar. —Entonces, ¿fue idea suya dejarse atrapar? —Por supuesto. Como deducirá por mi labia, soy un tipo muy listo. Aunque si le soy sincero todo ha sido gracias a Russ.

El comisario quedó enmudecido, sin saber si esto último era una peculiar forma de referirse a la divina providencia del Emperador o si hablaba del primarca de forma literal. —Gracias —fue lo único que Svardek consiguió articular. —Gracias, gracias… —murmuró el lobo— ¡Salvaros el culo me ha costado literalmente un ojo de la cara! Comisario, en mi manada suelo ser el que les complica la vida a todos con tal de salvar una vida aquí o allá, pero conocer a gente como usted me hace arrepentirme. ¿Qué honor hay en lo que usted ha hecho aquí estos días? Déjese de tenazas, cadenas y hierros ardiendo y salga a defender a los suyos, joder. Se lo digo de verdad comisario, si nos volvemos a cruzar más vale que haya aprendido la lección. Cuando dijo esto último, tumbó la puerta de la celda de una patada y se dirigió al pasillo. Los dos hombres que dejaba atrás podían haberlo seguido o haberse ofrecido para curarle las heridas, pero intuían que ninguna de las dos cosas hubiera sido aceptada. Aún así, antes de que se marchase Svardek aún pudo hacerle una última pregunta. —Amigo ¿Cuál es su nombre? —dijo con voz temblorosa. —¿Nombre? Hace años que lo olvidé… pero quienes necesitan un nombre para dirigirse a mí me suelen llamar Aullido Nocturno —y tras responder a la pregunta, se marchó

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Un comentario

  1. Muchisismas gracias crack!!

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